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miércoles, 15 de agosto de 2012

Lo malo de las evaluaciones educativas




Nadie duda que las evaluaciones en Educación hayan logrado una gran importancia, pero ¿Atenúa o profundiza las desigualdades? ¿Responden a necesidades pedagógicas o administrativas? ¿Promueven cambios para mejorar? En los siguientes párrafos se reflexiona sobre el tema. 
Una evaluación que profundiza la desigualdad Las tradicionales prácticas de evaluación suelen favorecer a los vencedores de antaño en un sistema educativo inequitativo, al tiempo que hunden en el pozo del desánimo a los perdedores, a quienes seguramente les costará trabajo encontrar buenas razones y no tendrán la motivación suficiente para querer mejorar la situación en la que se encuentran, toda vez que la evaluación se ha encargado de confirmar públicamente su fracaso.
Se olvida que el punto de partida es distinto, por ende, no se puede esperar que el punto de llegada sea el mismo. No hay una evaluación diferenciada ni ajustada a realidades tan distintas. El descuido en la difusión de los resultados de la evaluación del aprendizaje, desde luego, mina la confianza y la moral de las escuelas, daña la autoestima de los alumnos y sus profesores, con lo que se discrimina a los grupos desfavorecidos y se perpetúan las diferencias entre escuelas e individuos.
Entonces, ¿de qué equidad se está hablando cuando en el Programa Sectorial de Educación 2007-2012 se alude a la equidad como un reto pendiente del sistema educativo? ¿Cómo garantizar el carácter formativo de la evaluación una vez que se hacen públicos los resultados? Evaluación que refuerza una cultura de fiscalización Una dimensión negativa de la evaluación es cuando se emplea con fines de control de los alumnos. Este es un rasgo muy común en nuestro sistema en el que la evaluación tradicionalmente ha sido empleada con un carácter punitivo.
A partir de los resultados de la evaluación, se establece un ranking y según la posición que se obtenga en dicha clasificación, se reparten premios y castigos a los individuos evaluados. Desde esta postura se concibe a la evaluación como un mecanismo de control a distintos niveles: de los profesores sobre los alumnos, del centro educativo sobre los profesores y alumnos, y de los administradores y diseñadores del currículo sobre el sistema, o sea, sobre todos y cada uno de los anteriores .
 Este tipo de evaluación tiene como eje central al alumnado, sobre el cual recae no sólo el peso de sus propias evaluaciones (reducidas a calificaciones) en las diferentes asignaturas académicas, sino que incluso los profesores, las escuelas y el sistema educativo en general, se valoran, ya sea directa o indirectamente, por ese parámetro llamado índice de éxito o fracaso escolar, entendido como las puntuaciones obtenidas en los exámenes por parte de los alumnos. Evaluación que prioriza sus funciones administrativas
Es común que el profesorado emplee la evaluación en el aula para la selección, la clasificación, o bien para la certificación de los alumnos; si bien éstas son algunas de las funciones sociales de la evaluación, al enfatizarlas inevitablemente se descuidan sus funciones pedagógicas: formativa, retroalimentadora, motivadora. Al hacer esto, se desdibuja el carácter formativo que la evaluación debe tener para lograr aprendizajes significativos.
 Las prácticas de evaluación en nuestro medio presentan como principales limitantes las siguientes:
a) fomentan un significativo individualismo al estimular la competencia entre los alumnos para la obtención de ciertas recompensas
b) criterios de evaluación poco claros
c) informes de evaluación deficientes
d) la evaluación en manos de personal improvisado, lo que pone en duda su formación, capacidad y objetividad en la tarea
e) evaluación al servicio de satisfacer las necesidades de información del sistema burocrático-administrativo, antes que de los alumnos y los profesores
f) prácticas que refuerzan el esquema del “garrote y la zanahoria”, toda vez que a partir de sus resultados se reparten premios y castigos a los evaluados
g) evaluación que modela el tipo de alumno al que se debe aspirar si se quiere tener acceso a los beneficios que promete, entre otros. Mucha evaluación pero sin cambios 
Una idea errónea, bastante generalizada por cierto, consiste en pensar que por el simple hecho de hacer muchas evaluaciones, automáticamente los alumnos van a mejorar su actuación, coadyuvando de este modo a elevar su rendimiento académico. Falso. Como dicen los escoceses: “por mucho que se pese al puerco no pesará más, quizás pese menos de tanto llevarlo y traerlo por la báscula”.
La evaluación por sí misma no mejora la educación, aunque bien entendida y bien practicada, sí que puede convertirse en una poderosa herramienta que contribuya a la mejora de la educación. Santos Guerra, con la lucidez que lo caracteriza, menciona en uno de sus textos que “la escuela es el lugar donde más se evalúa pero donde menos se cambia", con lo cual hace una crítica a este afán desmedido y hasta esquizofrénico por evaluarlo todo. Para contextualizar el caso mexicano, A. Díaz Barriga afirma que: La evaluación se ha convertido en un acto compulsivo en el sistema educativo, casi podríamos afirmar que se evalúa para evaluar, se evalúa para mostrar indicadores; las prácticas y los procesos educativos sencillamente no son contemplados en la tarea de evaluación.
Estos rasgos le dan una identidad a la evaluación que se realiza en el medio nacional, que la diferencia de la que se hace en otras partes del mundo. Insistimos en la idea de que no se trata de hacer muchas evaluaciones, ni siquiera de hacerlas bien desde un punto de vista técnico, sino de tener claro el para qué de las evaluaciones que hacemos y qué valores son los que se están promoviendo.
 En el caso de la evaluación del aprendizaje, el profesorado tendría que preguntarse al servicio de quién está la evaluación que práctica, quién espera que se beneficie de esas evaluaciones, en definitiva, dónde está puesto su compromiso profesional.
Lo que sí tenemos claro es que una evaluación de tal envergadura, si no se traduce en cambios que mejoren la educación pública del país, es un ejercicio inútil y desafortunado que representa un derroche de recursos que ningún país en estos tiempos de crisis económica puede permitirse, menos un país como el nuestro, históricamente lacerado por una grosera desigualdad social.
Implementación de programas educativos que después no se evalúan La literatura especializada menciona que cuando se elabora un programa o proyecto educativo, su diseño debe incluir un dispositivo de evaluación, de modo que se pueda conocer su eficacia y valorar sus resultados. Bueno, pues esto que se sabe desde hace tiempo, en nuestro medio muchas veces simplemente se ignora; así hemos sido testigos de cómo surgen iniciativas referidas a la evaluación del aprendizaje para las que se destina una suma considerable de recursos sin que posteriormente se evalúen sus resultados.

jueves, 10 de mayo de 2012

Lo malo de las evaluaciones educativas




Nadie duda que las evaluaciones en Educación hayan logrado una gran importancia, pero ¿Atenúa o profundiza las desigualdades? ¿Responden a necesidades pedagógicas o administrativas? ¿Promueven cambios para mejorar? 
En los siguientes párrafos se reflexiona sobre el tema. 
Una evaluación que profundiza la desigualdad Las tradicionales prácticas de evaluación suelen favorecer a los vencedores de antaño en un sistema educativo inequitativo, al tiempo que hunden en el pozo del desánimo a los perdedores, a quienes seguramente les costará trabajo encontrar buenas razones y no tendrán la motivación suficiente para querer mejorar la situación en la que se encuentran, toda vez que la evaluación se ha encargado de confirmar públicamente su fracaso. Se olvida que el punto de partida es distinto, por ende, no se puede esperar que el punto de llegada sea el mismo. No hay una evaluación diferenciada ni ajustada a realidades tan distintas.
 El descuido en la difusión de los resultados de la evaluación del aprendizaje, desde luego, mina la confianza y la moral de las escuelas, daña la autoestima de los alumnos y sus profesores, con lo que se discrimina a los grupos desfavorecidos y se perpetúan las diferencias entre escuelas e individuos. Entonces, ¿de qué equidad se está hablando cuando en el Programa Sectorial de Educación 2007-2012 se alude a la equidad como un reto pendiente del sistema educativo mexicano? ¿Cómo garantizar el carácter formativo de la evaluación una vez que se hacen públicos los resultados? Evaluación que refuerza una cultura de fiscalización
Una dimensión negativa de la evaluación es cuando se emplea con fines de control de los alumnos. Este es un rasgo muy común en nuestro sistema en el que la evaluación tradicionalmente ha sido empleada con un carácter punitivo. A partir de los resultados de la evaluación, se establece un ranking y según la posición que se obtenga en dicha clasificación, se reparten premios y castigos a los individuos evaluados.
 Desde esta postura se concibe a la evaluación como un mecanismo de control a distintos niveles: de los profesores sobre los alumnos, del centro educativo sobre los profesores y alumnos, y de los administradores y diseñadores del currículo sobre el sistema, o sea, sobre todos y cada uno de los anteriores (Fernández). Este tipo de evaluación tiene como eje central al alumnado, sobre el cual recae no sólo el peso de sus propias evaluaciones (reducidas a calificaciones) en las diferentes asignaturas académicas, sino que incluso los profesores, las escuelas y el sistema educativo en general, se valoran, ya sea directa o indirectamente, por ese parámetro llamado índice de éxito o fracaso escolar, entendido como las puntuaciones obtenidas en los exámenes por parte de los alumnos.
Evaluación que prioriza sus funciones administrativas Es común que el profesorado emplee la evaluación en el aula para la selección, la clasificación, o bien para la certificación de los alumnos; si bien éstas son algunas de las funciones sociales de la evaluación, al enfatizarlas inevitablemente se descuidan sus funciones pedagógicas: formativa, retroalimentadora, motivadora. Al hacer esto, se desdibuja el carácter formativo que la evaluación debe tener para lograr aprendizajes significativos.
Las prácticas de evaluación en nuestro medio presentan como principales limitantes las siguientes:
a) fomentan un significativo individualismo al estimular la competencia entre los alumnos para la obtención de ciertas recompensas
b) criterios de evaluación poco claros
c) informes de evaluación deficientes
d) la evaluación en manos de personal improvisado, lo que pone en duda su formación, capacidad y objetividad en la tarea
e) evaluación al servicio de satisfacer las necesidades de información del sistema burocrático-administrativo, antes que de los alumnos y los profesores
f) prácticas que refuerzan el esquema del “garrote y la zanahoria”, toda vez que a partir de sus resultados se reparten premios y castigos a los evaluados
g) evaluación que modela el tipo de alumno al que se debe aspirar si se quiere tener acceso a los beneficios que promete, entre otros. Mucha evaluación pero sin cambios
Una idea errónea, bastante generalizada por cierto, consiste en pensar que por el simple hecho de hacer muchas evaluaciones, automáticamente los alumnos van a mejorar su actuación, coadyuvando de este modo a elevar su rendimiento académico. Falso. Como dicen los escoceses: “por mucho que se pese al puerco no pesará más, quizás pese menos de tanto llevarlo y traerlo por la báscula”.
La evaluación por sí misma no mejora la educación, aunque bien entendida y bien practicada, sí que puede convertirse en una poderosa herramienta que contribuya a la mejora de la educación. Santos Guerra, con la lucidez que lo caracteriza, menciona en uno de sus textos que “la escuela es el lugar donde más se evalúa pero donde menos se cambia", con lo cual hace una crítica a este afán desmedido y hasta esquizofrénico por evaluarlo todo.
 Para contextualizar el caso mexicano, A. Díaz Barriga afirma que: La evaluación se ha convertido en un acto compulsivo en el sistema educativo, casi podríamos afirmar que se evalúa para evaluar, se evalúa para mostrar indicadores; las prácticas y los procesos educativos sencillamente no son contemplados en la tarea de evaluación.
Estos rasgos le dan una identidad a la evaluación que se realiza en el medio nacional, que la diferencia de la que se hace en otras partes del mundo. Insistimos en la idea de que no se trata de hacer muchas evaluaciones, ni siquiera de hacerlas bien desde un punto de vista técnico, sino de tener claro el para qué de las evaluaciones que hacemos y qué valores son los que se están promoviendo. En el caso de la evaluación del aprendizaje, el profesorado tendría que preguntarse al servicio de quién está la evaluación que práctica, quién espera que se beneficie de esas evaluaciones, en definitiva, dónde está puesto su compromiso profesional.
En el 2009 se aplicaron en todo el país 15 millones de ejemplares de la prueba ENLACE, que por vez primera incluyó al bachillerato, ¿cuánto dinero nos costó a los ciudadanos esta evaluación?, ¿el gasto económico se compensa con los beneficios que representa para la educación la aplicación de esta prueba?; éstas son preguntas que quedan en el aire, para las que no tenemos respuesta.
Lo que sí tenemos claro es que una evaluación de tal envergadura, si no se traduce en cambios que mejoren la educación pública del país, es un ejercicio inútil y desafortunado que representa un derroche de recursos que ningún país en estos tiempos de crisis económica puede permitirse, menos un país como el nuestro, históricamente lacerado por una grosera desigualdad social, con más de 50 millones de pobres. Implementación de programas educativos que después no se evalúan
La literatura especializada menciona que cuando se elabora un programa o proyecto educativo, su diseño debe incluir un dispositivo de evaluación, de modo que se pueda conocer su eficacia y valorar sus resultados. 

viernes, 9 de marzo de 2012

Diez ideas para sacarle el jugo a la netbook que se entrega en el cole

Expertos en educación e informática explican cómo aprovecharla en el estudio y el entretenimiento.
El plan Conectar Igualdad, del Gobierno Nacional, entregó ya 1,8 millón de netbooks a estudiantes y docentes de escuelas secundarias de todo el país. Si a ello se suman las 145 mil que el Gobierno de la Ciudad distribuyó entre alumnos de escuelas primarias porteñas, y las miles que repartieron gobiernos provinciales y municipales, se tiene que más de dos millones de estudiantes sumaron una computadora a sus útiles escolares, muchos de ellos por primera vez en su vida .
Según especialistas consultados por Clarín , el nivel de aprovechamiento de los equipos en las escuelas es desparejo . Mientras en algunos establecimientos las netbooks provocaron toda una reestructuración de rutinas , en otros los docentes apenas tomaron nota de sus posibilidades . Aquí, algunas recomendaciones de expertos para que los chicos hagan rendir de la mejor manera sus computadoras: Entre las sugerencias que repasó con Clarín Alejandra García Redín, experimentada profesora de Informática y especialista en Tecnología Aplicada a la Educación, se cuentan los softs GIMP , para editar imágenes (viene en muchas netbooks);Scratch , que sirve para crear juegos y ponerlos online, y CMapTools , que crea mapas conceptuales.
A su vez, García Redín recomienda prestar atención a Google Docs , un servicio online para crear y editar documentos, hojas de cálculo, presentaciones, etcétera, de forma individual o grupal. “Es ideal para trabajos grupales porque permite chatear”, explica la docente. Y agrega que otra opción es combinarlo con Skype , para videoconferencias grupales.
Mister Wong , en tanto, guarda todos los sitios favoritos y da acceso a ellos desde cualquier computadora. Y Glogster crear pósters multimediales.
Photopeach , para crear presentaciones divertidas; Scribblemaps , para intervenir mapas con textos, imágenes y links; y Dipity , un creador de líneas de tiempo, son otras de las sugerencias de García Redín, que aclara que, en su experiencia, que algunos de estos sitios estén en inglés no resulta un impedimento, aun para los chicos que no manejan ese idioma.
Finalmente, la experta sugiere usar Symbaloo , un espacio donde reunir enlaces a las aplicaciones que ayudan en el trabajo de aula.
Por su parte, Roberto Igarza, especialista en nuevas formas de consumos culturales y miembro de la Academia Nacional de Educación, señala que las netbooks están llegando cuando hace falta renovar el pacto educativo entre la escuela, los docentes y la familia. Y en este contexto, recomienda a las familias “alinear el uso de la computadora a los fines que la escuela propone”.
Por su parte, José Luis Córica, especialista en innovación curricular, tecnológica e institucional, resalta el inmenso potencial de planes como Conectar Igualdad. “Este plan, por sus dimensiones y alcance, puede ser un punto de inflexión en la historia de la educación argentina”, dice. Y agrega que Conectar Igualdad soluciona la brecha del acceso a las nuevas tecnologías. “Ahora –afirma–, se debe reparar la brecha de calidad de acceso a los contenidos; no todos accedemos a los mismos contenidos”. Y en este sentido, señala que el número de recursos es enorme y que la presión del alumno que busca y usa nuevas herramientas impulsan al docente a dar respuestas.
Jorge Aguado, director general de Tecnología Educativa del Gobierno de la Ciudad, sugiere prestar atención a los softs de edición de audio (Audacity, entre otros) y video ( CamStudio y Kinovea ) que vienen en las netbooks.
Otra opción interesante para Aguado es Stellarium , un soft de astronomía que muestra imágenes realistas del cielo, en 3D (también viene en las netbooks).
Finalmente, entre las sugerencias de los especialistas pueden mencionarse plataformas con contenidos múltiples como Aula 365 , herramientas como el traductor de Google o diccionarios online como el de la Real Academia Española

jueves, 1 de diciembre de 2011

Alumnos, mañana hay prueba sobre blogs, Twitter y Wikipedia


Me pareció muy significativa esta noticia que publicó hace unos días el blog Alt1040, sobre que en el Reino Unido van a incorporar en la enseñanza de las escuelas primarias clases sobre blogs, Twitter y Wikipedia.
Creo que bien podría categorizarse como “puntapié inicial”. Si lo reflexionamos unos cuantos segundos nos daremos cuenta de que, seguramente, detrás de esa decisión hay una estrategia pensada (o siquiera esbozada): estamos hablando nada menos que de los famosos “nativos digitales“, personas que han nacido ya bajo el paradigma digital, a diferencia de muchos de nosotros (tengo 44 años) quienes nacimos bajo el paradigma tipográfico que dio lugar a la obra deMarshall McLuhan, “La galaxia Gutemberg“.
Creo que más allá de las herramientas específicas sobre las que se decida “darles clase”, es muy bueno que se piense en incorporar a la enseñanza de las escuelas estos temas para quienes, dentro de un par de décadas, serán los que van a ocupar lugares de decisión en empresas, organismos y poderes del Estado, ONGs, partidos políticos, y otros espacios de la denominada “Sociedad Civil“.
Y creo que es importante no sólo por los cambios que ellos generarán y que deberán generarse en torno a lo que quizás sea (para ponerle un nombre) una “sociedad 2.0″, sino –más importante aún– para reducir la brecha digital que ya se está viendo hoy.
Habrá que ver  si una iniciativa así cuadraría en la Argentina. ¿Ustedes cómo lo ven?